jueves 15 de abril de 2010

Encierro

Tengo seca la garganta, no tengo fuerza, la puerta no se abre y yo sigo sin ingerir ni un poco de alimento.

Las agujas del reloj se oyen cada vez más lentas y más lejanas. ¿Es un nuevo día cuando uno, encerrado en su propio aislamiento, no logra ver la luz del sol brillando en el cielo?... más parece seguir siendo de noche.

Como cuando andaba atrincherado con mis compañeros, muertos, escondido del enemigo entre los cuerpos inertes que olían a mil diablos. Mi corazón latía con fuerza, los segundos se hacian eternos... sólo esperaba el momento perfecto para salir y huir. Huir de esta realidad que no dejaba de atormentarme. Salir dejando ese momento atrás y olvidando la verdad, reemplazándola con historias.

La ficción es muchas veces más aceptada. Premios, reconocimientos, condecoraciones. La mentira puede detener una gota que cae del cielo y dejarla suspendida, en el aire, con o sin razón más que evitar que reviente al encontrarse contra el suelo. Solo que cuando, esa mentira, se acaba y no hay nada que la mantenga flotando, es más dura su caída.




Juan José Oviedo.

2 comentarios:

  1. Un último párrafo: perfecto. Un relato; muy bueno.
    El termino “reviente” es extraordinario.

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  2. Una alegoría a las realidades construidas o reconstruidas. Siempre se trata de conveniencias. ¿A nadie le conviene ser uno mismo frente a un mundo que siempre te quiere tragar? ¿Por qué dejamos que el sistema impuesto, sea cual sea, nos trague si no cumplimos los patrones o no nos sometemos en el "Erase una vez..." que nos plantee por verse mejor... Mucha gente se sigue vendiendo. Prostituyen su identidad, su historia, sus verdades.

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