lunes 12 de abril de 2010

Exilio

Y las llamas del infierno se tragan mi alma,
y siento como cada segundo, de mi vida, se vuelve una eternidad.
El llanto de los inocentes retumba en mi pensar
y la risa del sadismo ataca a mi espíritu masoquista.

Mis venas se atragantan con el pasar, violento, de mi sangre,
se exaltan y se dejan notar junto con el rojo de mi rostro,
de mis ojos.

Bolsas en mis párpados y suspiros sin pensar,
y pensar sin solucionar y solucionar sin resolver,
morir sin dejar de respirar
y sonreirle al cruel tormento que pasa y pasa
como vagones de un tren sobre mi pecho,
sin dejarme respirar.



Juan José Oviedo.

2 comentarios:

  1. Tan cruda como real. Igual que la vida.

    ResponderSuprimir
  2. Encaminado para obtener mi sueño, sufro algunas consecuencias mientras disfruto de estar vivo. Cansado pero vivo, al fin y al cabo, es lo único que necesito, ahora, para continuar mi camino.

    ResponderSuprimir