Y las llamas del infierno se tragan mi alma,
y siento como cada segundo, de mi vida, se vuelve una eternidad.
El llanto de los inocentes retumba en mi pensar
y la risa del sadismo ataca a mi espíritu masoquista.
Mis venas se atragantan con el pasar, violento, de mi sangre,
se exaltan y se dejan notar junto con el rojo de mi rostro,
de mis ojos.
Bolsas en mis párpados y suspiros sin pensar,
y pensar sin solucionar y solucionar sin resolver,
morir sin dejar de respirar
y sonreirle al cruel tormento que pasa y pasa
como vagones de un tren sobre mi pecho,
sin dejarme respirar.
Juan José Oviedo.
Tan cruda como real. Igual que la vida.
ResponderSuprimirEncaminado para obtener mi sueño, sufro algunas consecuencias mientras disfruto de estar vivo. Cansado pero vivo, al fin y al cabo, es lo único que necesito, ahora, para continuar mi camino.
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