martes 18 de mayo de 2010

Corazón monocorde

Una noche despertó de un susto. Traspirado y en silencio se sentía triste. Descubrió que su corazón no era como el de los demás. No sonaba de a dos golpes ni tenía redobles de tambor. Miró por la ventana y extrañó las estrellas en el cielo y las caricias en su pecho. Solo pensaba en ese ángel. Ése que alguna vez recitó poemas en su oído y ahora solo escuchaba desde lejos. Es como si el viento de la media noche hubiera soplado sus sueños y como si él, seguro y aferrado, hubiera sido despojado de un pedazo de sí mismo.

Fue entonces cuando de las entrañas del mundo, desde el fondo de la vida, surgió un suspiro. Lágrimas de añoro corrían por sus ojos y con solo ver el calendario sabía que pronto se iría el otoño. Las hojas secas que hoy caen pronto brotarán con fuerza, repetía, mientras intentaba conciliar el sueño.

Era de noche entonces y pronto sería de día, y talvez su corazón, ensañado, tendría la respuesta, pero no se atrevía a preguntarle. Cuando un corazón calla es porque dura es la sentencia.

Como digno entusiasta intentó dormir, la oscuridad cada vez era más pesada y sus ojos no lograban permanecer cerrados. Pronto caminaré en sueños, despierto; pronto cantaré al amanecer como un gallo que ve la primera luz del día; pensaba.

Y es que él vivía de pensar en sueños, comía lo que la vida le enseñaba y cantaba los suaves ritmos que su corazón quería. Lástima que eso solo funcionó un tiempo, ya que pobres se volvieron los cantos luego de que su corazón se hubiera convertido en un metrónomo, la vida solo le exigiera que pruebe lo que sabe y los sueños estuvieran próximos a cumplirse. Claro que ésto, él no lo entendía.



Juan José Oviedo.

2 comentarios:

  1. y es que hoy no puedo serpararme de ella... hay mucho por hacer y muy poco tiempo de espera

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